CORTIJOS
Durante la presencia romana, la explotación de la riqueza agrícola se producía alrededor de las ciudades, mediante un cultivo extensivo en las zonas llanas de lo que se denomina la triada mediterránea: cereales, vid y olivo, que necesitaban muy poco acondicionamiento del terreno.
Los
musulmanes a su llegada, acometieron un profundo cambio en el sistema.
Una gran variedad de sistemas de captación, almacenamiento y distribución del agua como alfaguaras, pozos, boqueras acequias etc, acompañan a este cambio de regadío ampliando las hectáreas de sembrado y aumentando su productividad.
En
época nazarí, las zonas rurales se encontraban dirigidas desde las pequeñas
alquerías construidas en los límites de los campos de cultivo, núcleos de
viviendas de poca entidad concentradas en barrios (harat) o los marchales,
pequeñas extensiones de regadío en la zona serrana con un cortijo o vivienda.
Cercanas a los núcleos principales se situaban las almunias, casas de campo de mayor entidad. Las fincas de recreo de los pudientes y cortijos o casas con pequeños huertos y alguna torre, completaban el hábitat diseminado de la vega.
Pero a finales del siglo XV, Almería rompe con su pasado. Conquistada por los cristianos, expulsa a los musulmanes que habían traído esta nuevas técnicas agrícolas y los sustituye por repobladores cristianos con unas ideas distintas de cómo tratar la tierra. La implantación de las instituciones y estructuras castellanas, la concesión de señoríos a la nobleza, así como las enormes concesiones a la iglesia, deja bien poco para el campesinado.

